Ahora me doy cuenta que hoy he mentido: he dicho que no tengo familia, ni allá ni acá.

No se por qué lo dije, si no estoy sola. Tengo mis palomas, mis estrellas, mis anillos de cristales de roca, mi luna creciente, mi llave, mi música melancólica, mi reloj de arena, mis mariposas muertas, mi piano.

—Me acerqué— te lo aseguro, Leah— pero no me animé a tocar ni una sola nota. Seguramente estará desafinado y no me reconocerá.

Carl Jung decía que la peor soledad no es la de no tener personas a tu lado, sino la de no poder comunicar las cosas que te parecen importantes, o la de estar obligado a callar ciertos puntos de vista porque otros los encontrarían inadmisibles.

Me acerqué a la ventana, y me alejé del piano. Vi tantas estrellas en un azul profundo, ese que llaman azul de medianoche y que anticipa días de nieve y abundante frío. Maeterlinck habla en la primera página de su obra La Princesse Maleine de una lluvia de estrellas como presagio de guerras, desastres o la muerte de reyes y princesas.

No he visto la lluvia de estrellas, pero he sentido la muerte tan de cerca este último tiempo. Del padre, de la madre, del hijo, de la noche, de la música, del arte y del amor. A unos los escuché irse, a otros, no. No quiero quedarme sola en medio del ellende. Se fueron todos con los cisnes, que buscaron refugio bajo el puente. Lo he visto en los espejos.

De niña me gustaba imaginar el color del aura de las personas que tenía delante mío. Como así también me intrigaba pensar si la melodía, la entonación y el timbre de voz coincidían con su personalidad o la expresión de sus ojos o el movimiento de sus manos.

Ahora me doy cuenta que hoy veo únicamente las sombras de mis manos bailando solas en las paredes de la casa a la luz de las velas. Y escucho la voz de ángeles a mi alrededor. Veo el aura que los abraza a ella y al pequeño hermano en la pintura de Norah Neilson Gray. Y las flores doradas en su regazo.

Las palabras siguen aún enjauladas en mi interior.

Siempre me gustó la palabra ellende en holandés, porque tiene tantos significados, y ninguno concreto a la vez.

Ciertamente, la soledad es peligrosa y adictiva. No me quedan dudas después de tantos años.

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