36 horas

Cuándo empiezan y terminan treinta y seis horas de vida?

Es ahí, en el momento de la repetición de adornos improvisados en medio de la variación de la melodía, de marcas matemáticas, de signos y fórmulas convencionales creadas para sostener las notas del clavicémbalo en la soledad acústica de tu habitación?

Es ahí, en ese momento que lees el último título impreso en la partitura puesta frente a ti?

O esos 36 segundos melódicos y a la vez mecánicos y necesarios para enfrentar la intensidad de los miedos a la muerte?

Es ahí, en la exclamación y entonación de tus palabras o de mis notas musicales desacompasadas?

Es una notación, una revelación o sólo una interpretación ambigua que no estoy obligada a leer?

36 notas armónicas como propagación de ondas sonoras en la superficie del agua cuando se deja caer una piedra en el lago?

Es quizás ahí – me pregunto-, en el momento metronómico que pierdas los recuerdos en la alternancia del trino sostenido como la pérdida del rumbo durante el vuelo de las golondrinas?

O es tu aliento desapareciendo en tus 36 suspiros y emergiendo en la sinfonía de un nuevo lugar en el infinito?

Es la ondulación del arpegio negro que cruza mi pentagrama o el punto de tu despertar al otro lado del puente de Monet?

36 sonidos de pasajes rápidos en el piano mientras deslizo mis dedos en la sucesión de notas de un glissando o el signo de silencio constante y eterno sobre la tercera línea fina y litúrgica de un himno?

Es el ir y venir 36 veces de izquierda a derecha y de derecha a izquierda de la aguja de mi metrónomo, el tic tac arbitrario del reloj sobre el piano o el galope arrítmico y de intervalos diatónicos de tu corazón?

Es ahí, en el momento de la disonancia de tu alma, donde se detiene la armonía de la cajita de música, el retardo inperceptible de la vida, de tus sueños, o la última mancha de tinta negra que dejas caer en la palabra sin terminar, imposible de leer al final de tu carta?

No lo se, quizás es el latente aleteo de la ansiedad de tu respirar.

Sí, es ahí, lo se, el movimiento, el aire, la velocidad de las pulsaciones por minuto que creo yo misma en la ascendencia cromática de las notas de la partitura que toqueteo sólo 36 segundos agitados al piano y que tiene lugar en la parte o tiempo débil del compás.

Es ahí, lo se, en la exactitud del tempo donde te vas.

Sarah Moon 2011

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