Ese día se preguntaba si todos nos despertamos con puntualidad a la misma hora del dia, de la vida, de los acontecimientos, si el amanecer nace para todos en el mismo segundo, en el mismo minúsculo parpadear.

Si todos miran con la misma curiosidad el cielo, si las nubes ignoradas se perciben para todos por igual. Si el estar gris-nublado es para ella como para el vecino de al lado.

Si todos giran decididos la cabeza al doblar en una esquina como se espera de cada alumno de manejo si todos reciben las mismas instrucciones precisas del examinador, el mismo examen sin sentido, y siguen las mismas reglas al pie de la letra y el mismo destino, si todos aprenden las mismas lecciones de la vida. Es la interpretación la misma?

Si todos nacen con la capacidad de meditar, de elevar una plegaria al cielo. Si todos respiran el mismo aire sobre la tierra, si todos saben inhalar y exhalar suspiros de súplicas y ecos lejanos sobre la misma hierba ligera.  

Si todos se sorprenden al ver los crocus al sol en septiembre, florecidos en pleno final del verano como capullos sostenidos por tallos de marfil blanco. Si todos pueden creer tanta insistencia, tanta fragilidad, tantos tallos que se contradicen con tiempos insanos, insensatos, maldecidos y fastidiosos donde nada importa más que el rebrote de coronavirus.

Si todos sueñan con ser libres y valientes, si, en realidad, todos estamos invitados a ser diferentes: si algunos son tan dependientes de las opiniones críticas o visiones aventureras del otro, de los proverbios que los rozan con osadía, de las sentencias que los rodean con impertinencia desmedida.

Si todos pueden erguir la espalda con disciplina, si todos tienen la misma fuerza para levantarse de la cama con una hipótesis cada mañana, si los músculos, el rigor y el físico son prácticamente idénticos al del amigo del alma, que quizás ya no lo es tanto como solía ser obligatoriamente ayer.

Si todos cometen los mismos irremediables errores, si todos tienen la capacidad de superarse, de crecer, de cambiar de dirección, si todos pisan la tierra fértil con la misma e imperiosa gravedad.

Si todos brillan por dentro con la misma luz vital, si la intensidad de la energía y el amor en el alma es la misma, si el corazón hace latir las venas de ella con la misma precisión que las de las minuciosas bailarinas.

Si todos conocen el camino indicado, si la ciencia y las matemáticas son tan estrictamente exactas para él como para ella.

Si todos callan y mantienen el silencio eternamente sostenido hasta quedar inmóviles. Si tanto ella como cualquier musa puede, perpleja, sentir la parálisis de sentidos: del tacto, del gusto y del olfato.

Si todos pueden volverse ciegos y sólo oir la música de sibéricos bosques lejanos y, sin embargo, poder seguir protestando en calles enajenadas, pobladas de panfletos idealistas, cínicos y desincronizados.

Cuando más vale tarde que nunca. – Pensaba.

Si todos pueden ir a dormir a la misma hora exacta, a pesar del insomnio universal, del miedo enjaulado, de la injusticia política, del frío desconcertante, la muerte inesperada, del velo descolocado de luto, del aparente ‘ser iguales ante la ley de Dios’, de las constituciones de los gobiernos de Europa, África, Latinoamérica o la India.

Si todos pueden sincronizar el amor magno, las súplicas de fe, el ‘que te vaya bien el próximo año’, la ilusión de prosperidad, los mejores deseos, el aplauso sincero, el aliento genuino y caritativo.

Si todos reconocen el mismo horizonte inmaculado, y besan de la misma forma la arena desteñida durante marea baja y acarician las olas escrupulosas de sal con la misma consagración, mientras que otros sólo ven lejanos barcos pesqueros en la niebla y a la deriva.

Si todos mueren con la misma gracia, con las mismas palpitaciones, como semidioses. Si todos pueden volar al cielo o flotar sobre las olas centelleantes rodeadas por los mismos límites, los mismos faros, los mismos volcanes, el mismo dolor, la misma incertidumbre, el mismo color nacarado de ostras marinas.

Si la profundidad del mar es para ella la misma que para los demás.

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